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el tiempo realiza un trabajo paciente y apasionado, los vientos, lluvias y soles erosionan y fusionan, moldean, descubren fósiles sepultados bajo las dunas.
Caparazones de moluscos, estrellas, escudos son arrojados a las costas Desde el mar y sus colores, texturas y formas son mantenidos por la artista tal cual se encuentran ubicóndolos en nuevos espacios.
La diversidad y particularidad de los materiales dan a las obras la cualidad de ser únicas e irrepetibles.
La escultora Mirta Olivera nos muestra su respeto por la naturaleza y es por ello que no modifica nada para que el que observe sus obras disfrute de cada elemento de la fauna marina o de los restos fosilizados como la haria de encontrarlos el mismo en cualquier recorrido por las costas.
Esa pasión por la recolección se complementa con otra, el candombe.
La sensibilidad de una cultura de raices africanas, ritmica, apasionadamente alegre, resistente y sobreviviente a años de sujecion y esclavitud motivan a la autora y es asi que surgen, personajes del Candombe, mamas viejas y gramilleros, a la danza. Tamborileros golpeando sus lonjas, portabanderas, escoberos bailando en elegantes rituales reivindicando una cultura, con la fuerza de lo auténtico y original. Y es desde esa vision que la artista toma lo querido, la naturaleza y tributa a lo admirado, hombres y mujeres, que al ritmo de tambores reinvindican una identidad.
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